PSICOLOGÍA

Cómo ayudar a los niños que no quieren salir por miedo al COVID-19

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La mayoría de los niños está disfrutando de las salidas y paseos diarios por parques y jardines, aun con todas las limitaciones que siguen teniendo. Otros le han cogido el gusto a estar en casa y no muestran mucho interés por salir, y hay que sacarlos obligados por una cuestión de salud física y mental. No obstante, otros niños y adolescentes sí están encontrando dificultades para enfrentarse al exterior, tras más de dos meses de confinamiento.

Desde que publicamos el último artículo sobre el llamado «síndrome de la cabaña», hemos recibido multitud de mensajes de padres y madres preocupados, contándonos las situaciones a las que se tienen que enfrentar. Reproducimos solo algunos de los comentarios recogidos, en este caso a través de nuestros perfiles públicos en redes sociales:

«Mis hijos no solo no quieren salir, sino que les genera angustia que yo salga. Y cuando vuelvo me esperan con el alcohol para desinfectar todo…»

«Los míos están igual. Al de 5 años le ha dado por desinfectarse las manos por todo aun cuando ya se lavó o desinfectó, y no quiere que lo toquen»

«La mía no ha querido salir hasta que no pusieron la obligación de llevar las mascarillas también en la calle»

«Mi hijo no sale xq dice que hay personas que lo miran mal… Y he visto que algunos los miran así, como si fueran una amenaza para las demás personas, cuando el mío no se acerca a menos de dos metros de nadie»

«Yo tengo dos y ninguno quieres salir. Les tengo que obligar aunque sea para que les dé un poco el aire y el sol, pero caminan nerviosos y no se separan de mí»

En la mayoría de los casos el miedo a salir se irá disipando, a medida que ellos mismos vayan comprobando que no sucede nada que no puedan asumir. Con los cambios de Fase y de horarios, tendentes a la normalización, irán viendo más posibilidades y se irán encontrando más cómodos. Pero a otros niños les está costando bastante, y lo cierto es que podemos ayudarles a enfrentar mejor la situación.

En este artículo proponemos tres pautas o estrategias que nos pueden ser de utilidad.

EXPOSICIÓN SIMULADA

Para algunos puede ser necesaria una cierta preparación que les ayude a adaptarse con mayor facilidad a la nueva situación. Esta preparación puede trabajarse permitiéndoles afrontar situaciones que simulen aquello a lo que han de enfrentarse.

Vamos a poner un ejemplo. Algunos padres y madres nos comentan que a sus hijos les causa angustia el simple hecho de entrar en el supermercado y prefieren quedarse fuera esperando, o no salir si hay que ir a comprar algo. Seguramente no se sienten seguros con los trámites que debemos cumplir, no saben lo que hay dentro o prefieren no enfrentarse a la situación. En estos casos, una buena opción es recrear previamente un supermercado en casa, con las mismas circunstancias que se dan en la actualidad. No se trata de reorganizar los metros cuadrados que tengamos de casa, sino hacer una simulación. Por supuesto, esto tenemos que plantearlo como un JUEGO.

Primero escogemos un sitio para recrear el supermercado. Recomendamos utilizar la cocina en este caso. Podemos escoger varios productos que ya tengamos en casa, como unas latas de atún, pan de molde, un cartón de leche, tomate frito, paquetes de arroz o de pasta, algunas manzanas o plátanos, y colocarlos en unas cestas o pequeños recipientes en la cocina, como si de expositores se tratara. Después podemos jugar también a poner los precios. Hablar sobre lo que cuestan las diferentes cosas, hacer cartelitos, que aprendan qué productos son más caros que otros, etc.

Una vez que hemos montado el supermercado con sus artículos y precios, podemos poner también a la entrada una cesta o bolsa para ir escogiendo los productos. Pondremos además un desinfectante y los correspondientes guantes sobre una silla.

El paso siguiente está claro: saldremos desde su habitación para ir al super que hemos montado en la cocina y haremos la compra con ellos. De esta forma verán cuál es el proceso y se irán familiarizando con él sin presiones y sin angustias.

Un consejo para hacer que esta técnica sea aún más efectiva:

  • Impliquemos a más miembros de la familia. Si participan más hermanos, o la abuela o quien conviva con nosotros, resultará mucho mejor. El juego será más divertido y creíble. Uno puede hacer de cajero, otro puede ser un cliente, etc.

REESTRUCTURACIÓN VERBAL

Esta técnica consiste en identificar los pensamientos negativos y su expresión, e intentar sustituirlos por otros más adaptativos. Debemos fijarnos primero en las expresiones que utiliza para referirse a la situación: «Si sales te puedes contagiar», «a los supermercados va mucha gente», etc. Después debemos corregir esas expresiones por otras realistas y positivas: «Si respetamos las normas no podemos contagiarnos», «en los supermercados no puede haber mucha gente y además todo el mundo va con guantes y mascarilla», etc.

Un consejo para ayudarles a identificar cuándo un pensamiento es erróneo:

  • Pongámonos en la situación de que fuera cierto. Podemos decirle algo como: «Vale, supongamos que la gente cuando va al supermercado se contagia. Entonces, como yo he ido muchas veces, y los vecinos, y tus abuelos que también van al supermercado y muchos de tus amigos que han ido con sus padres… Tendríamos que estar todos enfermos ¿y estamos enfermos?».

No se trata de hacerle ver que no existen los riesgos, sino que puede afrontarlos cumpliendo unas normas que son fáciles y sencillas. Los pensamientos erróneos no ayudan.

DRAMATIZACIONES

Recordemos que el término «drama» proviene del griego y significa «actuación». A los niños, y a la mayoría de los adultos, nos encanta jugar. Un juego muy entretenido y terapéutico que funciona en estos casos, consiste en actuar invirtiendo los papeles. Propongamos a nuestro hijo o hija que adopte nuestro papel: el de progenitor. Nosotros haremos de hijos que salen con miedo, y ellos tienen que hacer de padres que nos tranquilizan y nos enseñan cómo debemos actuar. Les gusta mucho y les divierte hacer de padres, en especial si nosotros utilizamos el sentido del humor y nos mostramos como hijos muy infantiles, exagerando las reacciones (pero sin ridiculizar).

Un consejo para ayudarnos en la dramatización:

  • Permitamos que se pongan algo que sea nuestro y que identifiquen claramente con nosotros: una prenda de ropa, un gorro, las llaves de casa. Pongámonos nosotros algo que sea suyo (intentando no romper su ropa… 😉

Técnicas de este tipo pueden ayudarnos a normalizar la situación en aquellos casos en los que, los más pequeños, se muestran excesivamente temerosos y se niegan a salir a la calle. Que les guste estar en su casa no es nada malo, pero permanecer 60, 70 u 80 días seguidos sin salir de su domicilio tiene efectos negativos y nunca puede considerarse una situación de «normalidad». Y, por supuesto, en los casos en los que existan patologías previas como cuadros de ansiedad, fobia social, agorafobia u otras situaciones, deberemos acudir al tratamiento profesional que tengamos a nuestro alcance. El objetivo de este artículo es solo ayudar a dar respuesta ante las situaciones más comunes, que pueden afrontarse desde la propia familia.

Recomendamos también tener en cuenta las pautas que se proponen en el artículo: «¿Y si nuestros hijos ya no quieren salir a la calle? El síndrome de la cabaña».

Así mismo, para los mayores, recomendamos que vean el vídeo: «Sentimientos en cuarentena».