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Cuando los LIKE o ME GUSTA se convierten en algo prioritario

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No deja de sorprendernos la importancia que los adolescentes, pequeños o mayores, le confieren al hecho de obtener los preciados LIKE en sus comentarios, fotos o vídeos que publican en las redes sociales. Algunos dedican horas a seleccionar la imagen, la editan y calculan la mejor hora para publicarla e impactar directamente sobre sus amigos o seguidores.

En la actualidad, y especialmente en el entorno juvenil, la cultura visual es la absoluta protagonista. Con 11-12 años, o con 16-17, los gigas de memoria de sus teléfonos móviles se llenan de fotografías y vídeos. Realizan cientos y cientos de selfies, ráfagas y fotos de grupo. Cualquier momento o circunstancia, por muy cotidiana que sea, es susceptible de ser inmortalizada con el smartphone. Y de forma inevitable, algunas de esas fotos van a terminar en internet, y muy probablemente en la red social de moda.

Por suerte, la mayoría publicará solo un pequeño grupo de fotografías meticulosamente seleccionadas. Algunas habrán pasado previamente por filtros de color, luz, etc, de distintas aplicaciones móviles. Las fotos más espontáneas y menos relevantes serán simplemente enviadas por SnapChat a algunos de sus amigos/as. Los vídeos más graciosos terminarán en TikTok (en función de la edad que tengan). Las mejores serán subidas a Instagram y configurarán el collage de las experiencias que merecen ser contadas. Estas últimas serán las que más tiempo permanecerán, esperando ansiosamente la llegada de los LIKE procedentes de sus seguidores.

Para muchos progenitores esto es algo difícil de asimilar. Se preguntan si sus hijos e hijas se estarán convirtiendo en exhibicionistas, si se han vuelto tan superficiales que solo les preocupa su propia imagen, si su autoestima es tan frágil que realmente necesitan recibir la validación de sus conocidos a través de estos ME GUSTA en sus fotografías.

Según vayan creciendo, concederán cada vez menos importancia a esta forma de obtener validación social, pero eso tarda en llegar y en muchos casos no llega a desaparecer del todo. La satisfacción que se experimenta con los LIKE difícilmente se pierde, lo que sí vamos desarrollando son estrategias para que su impacto nos afecte cada vez menos. Muchos adultos no pueden evitar seguir alimentando su ego a costa del número de seguidores, LIKE y comentarios.

Para muchos jóvenes y adolescentes, el reconocimiento se termina convirtiendo también en un ritual. En menos de 20 minutos pueden hacer un repaso por todo lo que han publicado sus conocidos ese día y «dar like» a diestro y siniestro. Son conscientes de la Ley de la Reciprocidad que rige las relaciones online: «si tú me sigues, yo te sigo»; «si tú me das like, yo también te lo doy»; «si tú me marginas, yo te margino» …

Pero, si hacer clic sobre el ME GUSTA se ha convertido ya en algo tan mecánico y tan generalizado, nos preguntamos por qué razón siguen confiriéndole tanta importancia. Lo miran, revisan y comprueban con cada foto. Y cada LIKE impacta en ellos casi con la misma fuerza que el anterior. La respuesta está, como en la mayoría de las cuestiones, en las reacciones de su cerebro.

Recientes estudios, como el realizado por la Freie Universität de Berlin, se han centrado en observar la reacción que se produce a nivel cerebral cuando recibimos un LIKE, ante algo que hemos publicado en una red social (1). Tal y como se recoge en Frontiers in Human Neuroscience, cada vez que esto se produce se activa el núcleo accumbens: una importante estructura localizada en el centro del cerebro y relacionada con el procesamiento de las recompensas. Esta zona es la misma que se activa al recibir dinero, propuestas sexuales, o alimentos cuando tenemos hambre.

En definitiva: los ME GUSTA que reciben los adolescentes activan realmente una región del cerebro implicada en el procesamiento de las recompensa más intensas. ¡No están locos! Se trata, en este caso, de una forma muy directa y muy rápida de recibir validación social. No olvidemos además, que la integración en el grupo y la validación de las propias experiencias, conductas o ideas, repercuten directamente en la autoestima del adolescente (del grande y del pequeño).

Así pues, los jóvenes valoran especialmente los ME GUSTA que reciben en sus publicaciones como consecuencia de una reacción biológica inevitable que se produce en su cerebro. Debemos trabajar con nuestros hijos e hijas para que esta no sea ni la única ni la principal forma de obtener reconocimiento o validación social, pero difícilmente podemos evitar el impacto que un LIKE tiene sobre la química de su cerebro. Hemos de potenciar otras estrategias que también facilitan la integración en el grupo y la autoestima del joven. Y es importante, del mismo modo, lograr que sean conscientes de la otra cara de la moneda: lo que sucede cuando los LIKE no llegan y cuando el feedback es negativo. Pero, seamos conscientes de que su impacto va a ser inevitable durante unos cuantos años.

 

(1) http://journal.frontiersin.org/Journal/10.3389/fnhum.2013.00439/abstract