SALUD

¿Cómo será el colegio después del coronavirus?

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La cuarentena que hemos pasado va a dejar secuelas en nuestra sociedad, en las empresas, las relaciones personales, el ocio y también en la vida escolar. Pero ¿de qué forma?

Aun es realmente pronto para saberlo, pero fijándonos en lo que está sucediendo en otros países y añadiendo un poco de capacidad de previsión, podemos sacar algunas conclusiones.

Si no se llegan a marcar unas directrices muy concretas, muchos colegios comenzarán a tomar medidas por su cuenta. Estas medidas serán tanto físicas como educativas, y afectarán al comedor del colegio y a la distribución de los alumnos en el aula, por ejemplo. En algunos países como Corea del Sur se ha reducido el número de alumnos por aula para aumentar la distancia social. Esto puede suponer en muchos centros habilitar nuevos espacios para impartir las clases, o suprimir espacios utilizados para otras actividades.

Las medidas pueden ir desde aumentar las distancias en clase, hasta asistir al colegio por cursos de forma escalonada.

Países como Singapur han diseñado un modelo que implica la no asistencia de los alumnos a clase un día a la semana. Cada día falta una etapa, de tal forma que mayores y pequeños coinciden solo tres días a la semana. Este sistema podría ampliarse a más días en función de las circunstancias de cada país o comunidad. No obstante, supone un problema añadido para los padres que, en caso de conservar su trabajo, tendrán que atender a sus hijos en distintos días de la semana.

En Francia, la desescalada supone clases de no más de 15 alumnos, y el uso obligatorio de mascarillas para los alumnos de Secundaria.

Sea como fuere, las familias también van a tener que prepararse para esta situación. La cuarentena en España cogió desprevenidas a muchas familias, que se han adaptado como han podido con los medios que tenían en casa. También sorprendió de la misma manera a los profesores, que han tenido que autoformarse en muchos casos y en muy poco tiempo para impartir clases online, desarrollar contenidos en formato digital, etc.

Pero esta situación puede volver a repetirse en otoño, y es necesario estar preparados. La próxima vez ya sabemos que no serán solo los 15 días previstos. Nuestra preparación deberá ser también psicológica, y no depender tanto de la improvisación.

Varías circunstancias son de esperar:

  • Aumento importante de la formación online. Si las familias pueden, deberán mejorar el acceso a los entornos digitales de sus hijos. Esto supone plantearse la conectividad a internet de otra manera. Tener claro qué aparatos van a ser necesarios si la situación se repite, el tipo de conexión a internet, etc. Y unir esto a que también aumentarán las necesidades de teletrabajo de los padres. En los casos en los que se dependa de los “datos” habrá que hacer una previsión y distribución. Si hay pocos o solo un aparato disponible, habrá que establecer horarios en función de las necesidades. En esta cuarentena, y según datos de la Comunidad de Madrid, el 30% de los alumnos de Primaria y el 18% de los de ESO han tenido problemas para mantener la continuidad en el proceso de aprendizaje. Existe todavía una brecha digital.
  • Habilitar espacios. No es lo mismo hacer deberes una hora o dos por las tardes después del colegio, que tener que asistir a clases online, realizar trabajos de grupo y estudiar todos los días en casa. En esta ocasión la epidemia se ha producido en el último trimestre del curso, con mucha materia ya impartida y dos evaluaciones calificadas. La próxima vez puede ser a principio de curso, y el nivel de exigencia será distinto. Muchas familias no podrán habilitar ningún espacio especial, ya que normalmente el espacio “es el que es” y se hace lo que se puede. Pero en otros casos sí será posible hacerlo, o adaptar los espacios disponibles para distintas necesidades en cada momento del día.
  • Establecer pautas y horarios claros, pero con flexibilidad. Se recomienda que los alumnos tengan, durante una cuarentena, dos periodos de estudio de dos horas de duración cada uno: uno por la mañana y otro por la tarde, con dos o tres descansos en función de las edades. Pero del mismo modo es recomendable flexibilizar esta pauta en función de las circunstancias de cada familia. Algunos rinden mucho más por la mañana o requieren más supervisión que otros.
  • Mayor implicación de los padres. Tal y como ha sucedido ya en la primera cuarentena, los niños necesitarán de un mayor acompañamiento. Al no poder asistir a clase, algunos conceptos no se comprenden con la misma facilidad y la interacción con el profesor es más complicada. Muchos necesitarán más ayuda. El papel de los padres puede ser determinante en este periodo. Durante un buen tiempo nadie recomendará que no supervisemos a nuestros hijos en el tema de los deberes, ya que esa supervisión va a ser fundamental.
  • Prepararse psicológicamente. Ahora mismo es difícil medir el impacto psicológico que ha tenido en niños y adolescentes un confinamiento que nunca habían vivido, y durante un periodo de tiempo muy importante de aproximadamente dos meses. El aspecto emocional va a ser otro de los campos a los que más atención habrá que prestar. Recomendamos que niños y adolescentes de 11 a 17 años vean el vídeo sobre SENTIMIENTOS EN CUARENTENA desarrollado específicamente para ayudarles en este proceso.

En resumen, distintos aspectos cambiarán seguramente el curso que viene y hemos de estar preparados para tener una implicación mayor, habilitar espacios y mejorar el acceso a internet como necesidades básicas. Es importante también nuestra formación, en especial en aquellos aspectos relativos a las necesidades emocionales de nuestros hijos e hijas.